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“Rafaelita” por Lluvia Walkinshaw.

Homenaje a Rafaela Vizcaíno
Martes 30 de Agosto de 2016
San José del Cabo BCS
Lluvia Walkinshaw.

“Rafaelita”

“Cuando me haya marchado
quisiera ser estrella
o flor o mariposa
o algún bello poema…”

                               Rafaela Vizcaíno.

Bella y extraordinaria.

En mi clase de español, leímos “El grillo y el ciempiés. Cuando me tocó hablar de  la autora, conté un relato tomado de Con Fragilidad de Cacto en el que los agricultores son amenazados con cárcel si vendían algodón en forma independiente, pero Aurora, hija de nuestra poetisa, estaba enferma y ella necesitaban dinero para el traslado a México así que le dijo a su esposo que vendería el camión de algodón, este muy enojado se lo prohibió y ella le contestó que como lo conocía, y sabía que se iba a enojar, ya había vendido el camión completo.

Para mí, eso dice mucho de ella.

Este texto es una recopilación de pequeñas historias con las que pretendo ahondar en la mujer sin tabúes que es.

Rafaelita a sus veintidós años contaba con un balde para guardar la leche que ordeñarían a pesar de que aún no tenían una vaca e incluso así, sabía, que el líquido sería tan delicioso que haría palidecer a la mismísima Cleopatra.

Mujer de retos que tenía que cambiar huevos y queso por comida del poblado vecino, que dormía con machete en mano para cuidar a sus hijos del coyote.

Mujer de palo, que, a pesar del cansancio debía velar los frijoles y apagar la leña.
Mujer recia, buena para los tiros, los pleitos y la desobediencia.
Rebeldía.

Fantasma ruidoso que puede hacer que el barco se vaya a pique.

Rafaelita, quien canta a la bahía, la luna y el desierto.

La conocí hace un par de años, en un encuentro de escritores, y la adoré al instante, es algo que le pasa a todo el que la conoce, porque te deja un bienestar, es como si te tomarás un café, o un té… algo calientito. Platicar con ella es quedar revitalizado, sano.

Bien dice Edith Villavicencio, que Rafaela es una conversadora de aristas inesperadas.

Alguna vez la topé en un ascensor y me contó un chiste… que terminaba en una grosería. No pude reír porque estaba muy sorprendida.

Por cierto una de las palabras que más le gustan es “Puchi” porque se parece mucho a otra palabra llena de picardía mexicana.

Creo que podría contarles historias infinitamente, relatos que muestren una sabiduría más allá de la aprendida en la escuela, por ejemplo, en su libro, ella narra como el cacareo de las gallinas es diferente cuando le hablan a sus pollitos.

Como un atemorizante eclipse puede transportarte a la época de los sacrificios.

En sus narraciones lograr fácilmente que nos pongamos en los guaraches de una mujer atrapada en la guerra cristera o que miremos por la ventana en un cuadro de Monet.

Una vez en una tertulia, cantó para nosotros y nos recitó algunos de sus poemas. A ella le gusta alegrar a la personas.

Rafaelita está hecha de tradiciones, es quién se viste de catrina y va a visitar escuelas, quién pone altar, y que hasta en el día de las madres realiza una gran comilona.

Si aún no la han leído, se las recomiendo, al igual que lo hice con mis alumnos. Pero mejor que eso, si la encuentran, salúdenla  y prepárense.


“Cuando me haya marchado
quisiera ser estrella
o flor o mariposa
o algún bello poema
si estrella quiero ser lucero
si flor prefiero rosa
¡Amarilla si fuese mariposa!
Mas si poema
quisiera ser de Paz
nuestro insigne poeta
¡No, de Octavio,  no!
Es muy fino para eso
Yo soy gente sencilla…”

                                        Rafaela Vizcaíno.

 -.-

*Texto leído por Lluvia Walkinshaw durante su intervención en la “Mesa temática”: Análisis y lectura de obra de Rafaela Vizcaíno, durante el “Décimo Encuentro de Escritores Sudcalifornianos” 2016 en Los Cabos Baja California Sur, en homenaje a Rafaela Vizcaíno.